En julio, la inflación perforó el 3% por primera vez en el año: 2,9%.

La inflación de las y los trabajadores se volvió a desacelerar en julio, y se ubicó en el 2,9% (0,4 puntos por debajo del registro de junio). Se trata del tercer mes consecutivo de desaceleración de la inflación y la primera vez en 2021 que se ubica debajo del 3%.En los primeros siete meses del año, los precios subieron 28,5%. Pese a la desaceleración mensual, la inflación interanual volvió a acelerarse y alcanzó el 51,8% (+1,5 p.p respecto al mes previo). La razón de ello tiene que ver con que estuvieron saliendo del cómputo meses de inflación moderada (como abril, mayo, junio y julio de 2020) e ingresando meses en donde la inflación fue bastante más elevada.
Recreación y cultura fue la división de mayor incremento en julio, con un 7,5%. La principal razón de ello tiene que ver con la suba de los paquetes turísticos (+26,4% al exterior y +50,9% de cabotaje) producto de las vacaciones de invierno. Alimentos y bebidas trepó 3,7% en julio, y explicó más del 42% de la inflación del mes. Si bien las carnes tuvieron un julio tranquilo (+1,0%), hubo subas muy marcadas en verduras (+15,3%, particularmente por el tomate) y bebidas alcohólicas (+9,7%). Salud subió 3,6% en el mes, impulsada por fuertes alzas en las consultas médicas (+12,5% en clínica médica y +22,2% en pediatría). Transporte subió 3,5%, debido a incrementos del 6,1% en automóviles cero kilómetro (posiblemente impulsadas por el aumento de la brecha cambiaria).
Por debajo del nivel general tenemos a Educación con un 2,9% (debido a algunos ajustes en las cuotas de cara a la segunda mitad del año, en cursos de educación no formal y sobre todo en útiles, que subieron 10%). Equipamiento y mantenimiento del hogar se encareció 2,7%, a partir de alzas del 4,3% en electrodomésticos. Otros bienes y servicios subió 2,3%, debido a peluquerías (+6,5%), pañales (+5,6%) y papel higiénico (+4,4%). En estos dos casos, se están produciendo reacomodamientos de precios tras el fin del programa de Precios Máximos, que había mantenido contenido los precios de este tipo de bienes. En tanto, Vivienda subió 1,4%, mayormente por los alquileres (+3,2%), en un contexto en donde hubo estabilidad en el precio de los servicios públicos. Comunicaciones registró una suba del 1,2%, debido a subas del 3,2% en teléfonos móviles. Por último, Indumentaria y calzado tuvo una baja del 2,1%, principalmente por motivos estacionales.
Además, se analiza la evolución del salario real privado registrado en los últimos años y el impacto de la pandemia en el mismo. En los últimos meses se visualiza una estabilidad (con ligera tendencia al alza) en el poder adquisitivo de las y los trabajadores formales del sector privado, aunque se encuentra aun por debajo del pico de 2013: -18,5%. De cara a los próximos meses es de esperar una moderada recuperación, de la mano de la reapertura de paritarias en conjunción con una muy paulatina desaceleración de la inflación a medida que se acercan las elecciones. De cara al largo plazo, la recuperación sostenible del salario real dependerá de la disponibilidad de divisas del Banco Central, que son las que determinan los riesgos de una posible devaluación. De ahí la importancia de políticas que ahorren divisas, como la promoción de exportaciones y/o la sustitución de importaciones, entre otras.

Apuntes de Economía Popular N°1. La economía popular en números. Bases metodológicas para una propuesta de medición

N° 1
La economía popular en números.
Bases metodológicas para una propuesta de medición

María Inés Fernández Álvarez y Ana Natalucci (Coord.), Ana Paula Di Giovambattista, Lucio Fernández Mouján, Ernesto Mate y Santiago Sorroche

Introducción

La creación de un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) luego de la disposición de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), decretado el 20 de marzo por el gobierno nacional (Decreto 297/2020) como consecuencia de la pandemia provocada por el SARS- CoV-2, de la familia de los coronavirus, hizo legible la situación en la que se encuentra un amplio sector de la población con preponderancia de condiciones laborales desprotegidas y el cual no es considerado por las estadísticas oficiales: trabajadores/as con empleos no registrados, informales, precarizados. Recapitulando, el IFE fue creado el 23 de marzo por el Decreto 310/2020, e implementado rápidamente desde abril, frente a la urgencia de dar respuestas a aquellos sectores que se habían quedado sin ingresos. A modo de prestación monetaria no contributiva, el programa ha representado un pago equivalente a 10.000 pesos mensuales de carácter excepcional, destinado a “trabajadores/as afectados por inserciones laborales precarias (monotributistas de categorías bajas, trabajadores/ as de casas particulares, empleados/as informales y desocupados/as” (Decreto 310/2020, p. 4). Mientras los cálculos gubernamentales iniciales proyectaban alcanzar a 3.6 millones de personas, el IFE fue solicitado por 13.4 millones, de las cuales fueron admitidas 8.9 millones por cumplir con los requisitos  (ANSES, 2020).

La alta cifra de titulares del programa tuvo un impacto significativo respecto de la visibilización de un conjunto de la población económicamente activa, heterogénea en su composición y no reconocida como tal por las estadísticas oficiales, poniendo en crisis la forma en que los dispositivos estatales captan a este sector en general definido como “informal”.Esta definición de “informal” constituye una de las principales dificultades a la hora de cuantificar esta población en tantotoma como punto de partida las formas legales de vinculación con el mercado de trabajo, reduciendo así una amplia y compleja diversidad de las relaciones de trabajo, producción y reproducción de la vida. A diferencia, la categoría de economía popular hace referencia a quienes se ganan la vida a través de una pluralidad de actividades que se desarrollan sin derechos laborales y sin patrón visible y en los últimos años han generado nuevas formas organizativas, asociativas y de representación gremial. 

En resumen, la pandemia echó luz sobre la inexistencia en el sistema de estadísticas nacional de una fuente de información periódica y pública, que permita dimensionar a la economía popular, comprender su composición y trayectoria en el tiempo. Al respecto, recientemente se ha impulsado un registro estadístico a partir de la implementación en julio de 2020 del Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP [Resolución Ministerial 408/2020]) en el marco de la Secretaría de Economía Social del Ministerio de Desarrollo de la Nación, que había sido creado por la Ley de Emergencia Social (Nº 27.345/2016). Sin duda, este registro constituye un paso relevante para la generación de información que posibilite el abordaje estatal en torno a este universo de trabajadores y trabajadoras.

En ese marco, y tomando en consideración las limitaciones de las fuentes disponibles, desde el Programa de Economía Popular y Tecnologías Sociales (PEPTIS) del CITRA-UMET trabajamos en una propuesta de medición periódica de esta población. A tal efecto decidimos utilizar las bases de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), dado que produce información trimestral y releva datos laborales de la población de 31 aglomerados urbanos, abarcando alrededor del 60% de la población total del país. Como resultado de ese proceso, pretendemos dar cuenta tanto de la magnitud que asume este universo, así como de su heterogeneidad por el peso relativo que detentan las sub-poblaciones constitutivas en términos de sus características y variaciones entre períodos.

Para la operativización del ejercicio de cuantificación de este universo que presentamos en este Informe Técnico, realizamos un relevamiento de antecedentes recopilando las distintas mediciones disponibles, con el objetivo de definir las dimensiones y filtros necesarios para poder construir la mejor medición asequible a partir de las herramientas disponibles. En este sentido, nos interesa señalar que este esfuerzo de elaborar un criterio de medición en base a la EPH está en estrecha relación con la necesidad de abrir un debate urgente sobre la necesidad de construir nuevas formas de recopilación de información, con preguntas actualizadas respecto de las situaciones sociales y laborales que permita captar las realidades de los y las trabajadoras y las heterogeneidades que los atraviesan.

Finalmente, este Informe Técnico fue realizado por el CITRA, a través del Programa de Economía Popular y Tecnologías Sociales (PEPTIS), el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), el Programa Antropología en Colabor y el Observatorio Protesta Social (OPS), atendiendo a la posibilidad no sólo de contribuir con una medicióndel universo de la economía popular, sino que este informeconstituya un insumo relevante para imaginar nuevas formas de abordar, y, en definitiva, de elaborar políticas públicas eficaces para una población que adquiere creciente centralidad en el contexto actual.[1]

Mediciones actuales sobre la economía popular

En los últimos años, desde diferentes perspectivas se han propuesto formas de medición, con resultados divergentes. Por un lado, Arango, Chena y Roig (2017) toman múltiples fuentes estadísticas para reconstruir cuantitativamente al universo de la economía popular; entre ellas, la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU-INDEC), informes estadísticos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS), la Encuesta sobre Deuda e Ingresos en los Sectores Populares -realizada por el Centro de Investigaciones Socio-económica de Buenos Aires (CISBA)- y encuestas propias. Para los autores, la economía popular abarca cuatro grandes segmentos: a) cuentapropistas (trabajadoras/es que no tienen patrón) que realizan actividades de oficio o subsistencia, incluyendo los titulares de planes sociales; b) la totalidad de trabajadoras/es del servicio doméstico; c) personas que realizan tareas familiares sin remuneración; d) trabajadoras/es asalariados no registrados empleados en unidades informales. De acuerdo a esta medición, para el tercer trimestre de 2014 la economía popular estaba integrada por 4.220.890.

Otras propuestas de medición se realizaron partiendo exclusivamente de la información brindada por la EPH. Una de estas fue planteada por Salvia, Poy y Donza (2019). Los autores toman una definición operativa amplia de la economía popular, entendida como el “conjunto de actividades, unidades productivas y formas de inserción ocupacional orientadas por la lógica de reproducción”, caracterizadas por ser generalmente “unidades económicas y formas de inserción de baja productividad y, por lo tanto, de bajas remuneraciones” (2019, p. 711). A partir de la EPH, su propuesta incluye: a) patrones no profesionales de microempresas entre que tienen entre 1 y 4 empleados; b) trabajadores por cuenta propia que realizan tareas técnicas, operativas y no calificadas; c) trabajadores familiares no profesionales; d) trabajadores del servicio doméstico no registrados que trabajan en 1 o más casas; e) titulares de programas sociales de empleo. Transversalmente, toman el criterio de corte por ingresos equivalente a 1.5 Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) para ocupados plenos y el equivalente correspondiente para aquellos que trabajan menos de 35 horas semanales. Desde estos criterios, considerando los datos de la EPH del primer trimestre de 2017, integraban este universo 2.400.838 personas.

Otra medición a partir de los datos de la EPH ha sido propuesta por Pissaco (2019) en el período 2004-2017. El autor caracteriza a la economía popular como aquel “…sector de los trabajadores, que, inmersos en sociedades capitalistas donde la relación asalariada aparece como la forma general, tienen otras formas de inserción en el proceso productivo” (2019, p. 11). Esta propuesta introduce varias diferencias con respecto a la elaborada por Salvia, Poy y Donza. La primera, la inclusión de la totalidad de aquellos/as que desempeñan tareas en casas particulares, justificada por la particular forma en que se insertan en los procesos productivos. La segunda, la eliminación de la restricción del nivel de ingresos propuesto por Salvia et. al (2019). Sin embargo, vale aclarar que este corte es recuperado para señalar que, además de quienes componen la economía popular, hay un alto número de trabajadores cuyos ingresos se encuentran por debajo de este valor. Por último, excluye a los asalariados en su totalidad, a quienes tienen nivel educativo universitario en todos los casos -cuentapropistas, patrones, trabajadores familiares sin salario- y entre cuentapropistas a quienes cuentan con una calificación profesional. Para Pissaco, “el universo de los trabajadores de la economía popular representa el 23,9% de la PEA y el 26,4% de los ocupados. Esto es: más de 1 de cada cuatro trabajadores ocupados se enmarca en este sector” (2019, p. 19), con un total de 3.003.417 personas.

Por su parte, el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP) (Bertellotti, 2019) propone definir a la economía popular como una actividad de subsistencia, realizada de forma autogestiva y de tipo “trabajo-intensiva”, con máquinas obsoletas o de bajo desarrollo tecnológico. De esta forma, la economía popular es caracterizadacomo un universo con un alto nivel de precariedad, bajos ingresos con largas jornadas de trabajo y sin derechos laborales básicos como aguinaldo, vacaciones, obra social, etc. Para estimar la cantidad de trabajadores que componen este universo, el OCEPP considera tres grandes grupos: a) trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares no remunerados que realizan actividades no profesionales según el Clasificador Nacional de Ocupaciones; b) de la categoría asalariados incluyen dos conjuntos: i) trabajadoras/es del servicio doméstico no registradas que realizan su actividad en más de un hogar y ii) personas cuyo principal ingreso lo conforma un programa de empleo; y c) personas desocupadas no profesionales. Considerando los datos del segundo trimestre de 2019 de la EPH, se obtuvo que los y las trabajadores ascendieron a las 4.174.221 personas, representando el 21.4% de la PEA.

Finalmente, como mencionamos en la Introducción, recientemente desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación se impulsaron iniciativas de medición que permitan dimensionar al universo de la economía popular, para la construcción y planificación de las políticas públicas. En este sentido, el ReNaTEP, entre julio de 2020 y febrero de 2021, abrió un registro en el que se inscribieron un total de 2.093.850 personas de todo el país[2]. Entre los inscriptos, se observa un mayor porcentaje de mujeres, prevaleciendo los y las jóvenes y la población de mediana edad; y, con un porcentaje mayor al 50% sin completar los estudios obligatorios. Otro de los datos significativos señalaque la mayoría de los inscriptos no recibe la AUH ni otro tipo de subsidio, como el Potenciar Trabajo (Secretaría de Economía Social, 2021). Es importante tener en cuenta que el registro es personal y la cifra corresponde a quienes se autoadscriben como trabajadores/as de la economía popular. Por otro lado, es fundamental considerar que la diferencia numérica observada entre esta cifray las mediciones sintetizadas previamente debe atribuirse a que el registro se encuentra aún en curso y se realizó de manera virtual durante la pandemia SARS- CoV-2; de ahí que el ReNaTEP tenga previsto realizar una segunda etapa de modo presencial.

En resumen, estas propuestas han realizado una importante contribución a la construcción de indicadores que permitan medir el universo de trabajadores y trabajadoras de la economía popular en Argentina. Nuestra propuesta de un criterio de medición a partir de la EPH, que presentamos a continuación, se nutre de la puesta en diálogo de estas discusiones previas.

Propuesta de medición PEPTIS: fuentes de información y aspectos metodológicos 

Como ya mencionamos, en este Informe Técnico presentamos una propuesta de medición que construimos para dimensionar cuantitativamente el universo de la economía popular, específicamente su magnitud en relación a la población económicamente activa así como su dinámica y trayectoria en el tiempo. Adicionalmente, dado que la medición considera la agregación de distintas sub-poblaciones que integran la economía popular, es posible analizar su peso relativo atendiendo a sus características y variaciones en los diferentes períodos.

Respecto de las fuentes de información, como anticipamos, proponemos utilizar la EPH del INDEC. Esta decisión responde al hecho de que la EPH es una encuesta que provee información respecto a las condiciones sociodemográficas y socioeconómicas de la población, por su participación en la producción de bienes y servicios y en la distribución del ingreso. Además, a partir de la EPH se elabora la estadística oficial sobre los índices de empleo, desocupación, subocupación y pobreza que justifica la implementación y gestión de las políticas sociales y laborales. La encuesta produce información trimestral de la población de 31 aglomerados urbanos, abarcando a cerca del 60% de la población total del país. Está basada en un cuestionario de hogares y personas respecto de las siguientes variables: condición de ocupación e ingresos de los individuos y las características del grupo familiar y de los hogares. Por esta razón, constituye una herramienta potente para construir estadística sobre el mundo del trabajo y condiciones de vida. Asimismo, su periodicidad trimestral es clave para el seguimiento del sector a lo largo del tiempo, dado que es factible realizar la estimación haciendo uso de las bases de microdatos de personas correspondientes a las ondas que van desde el segundo trimestre de 2016  al cuarto trimestre del 2020[3].

No obstante estos méritos, la EPH presenta una serie de limitaciones que deben considerarse al momento de medir cuantitativamente a la economía popular. Una de estas es la cobertura exclusivamente urbana, por lo que no cubre a amplios sectores rurales o poblaciones urbanas de menor tamaño. A los fines de nuestro objetivo, esta limitación implica que no puedan incorporarse en la medición a los sectores campesinos y de la agricultura familiar, que constituyen un componente significativo del sector. Otra limitación concierne al módulo de trabajadores independientes, en tanto se orienta a relevar información ligada a la posesión de capital, sin incluir preguntas que permitan captar la heterogeneidad del sector. Al respecto, es clave construir distintas medidas para identificar y aproximarse a las diversas subpoblaciones que constituyen el universo de la economía popular (detallado en el apartado metodológico). Una última limitación está vinculada a la subdeclaración de ingresos, que implica que los ingresos agregados de los hogares que surgen de encuestas resulten inferiores a los ingresos agregados que se obtienen de los sistemas de Cuentas Nacionales o de datos de registros administrativos (Villatoro, 2015, p. 9). El subregistro de ingresos es un error no muestral de las encuestas de hogares y tiene distintas causas potenciales: a) la subdeclaración de algunas fuentes puntuales de ingreso por parte de los individuos (Salvia y Donza, 1999); b) la cobertura de la encuesta; c) la focalización de algunos tipos de ingreso que dificulta que los perceptores sean captados. Dado lo anterior, debe considerarse que múltiples variables de ingresos relevadas por la EPH no pueden ser efectivamente fiscalizadas –en especial aquellas asociadas al desarrollo de actividades no registradas, y asumiendo igual tratamiento para los ingresos derivados de la ocupación secundaria–. Por este motivo, la estimación realizada –al incorporar a los ingresos como una de las dimensiones para la identificación de la población de interés– debe interpretarse considerando que el filtro monetario incorpora una potencial distorsión al número final.

Marcadas las principales limitaciones que se derivan de la fuente de información utilizada, y tomando en cuenta que se han analizado fuentes de información secundaria en calidad de antecedentes para la definición operativa de la economía popular, a continuación nos ocupamos de describir la serie de operaciones efectuadas en el proceso de determinación del universo.

Definición del universo de análisis

Para la construcción del universo de análisis en primer lugar nos ocupamos de definir las diversas sub-poblaciones constitutivas de la economía popular. Para este punto, analizamos fuentes de información secundaria en calidad de antecedentes para la definición operativa, y dada la heterogeneidad del universo de actividades que conforman la economía popular, realizamos la definición de criterios ligados a: i) categoría ocupacional, ii) grado de calificación de la ocupación, iii) situación frente a la propiedad de capital física e iv) ingresos declarados. A partir de ello, para la estimación del universo seleccionamos los siguientes grupos poblacionales:

  1. Cuentapropistas no profesionales,
  2. Desocupados no profesionales,
  3. Servicio Doméstico no registrado,
  4. Asalariados cuya principal fuente de ingreso declarado se corresponde con ingresos provenientes de «subsidios del gobierno», lo que incluye montos percibidos en calidad de titulares de programas de empleo.
  5. Trabajadores familiares sin remuneración no profesionales.

 Respecto de las variables relativas al cuestionario de la base de personas de la EPH que se utilizaron para la construcción de las distintas categorías, consideramos:

  1. Cuentapropistas no profesionales, se utilizaron las variables Categoría Ocupacional (CAT_OCUP) y el Código de Ocupación que surge del Clasificador Nacional de Ocupaciones -CNO, versión 2001[4]– (PP04D COD). El CNO se conforma por 5 dígitos, cuya estructura provee la siguiente información:

Tabla 1.- Dimensiones del Código de Ocupación, por dígito.

Dígito   Dimensión  Definición de  Dimensión
1 y 2 Carácter Ocupacional Permite clasificar ocupaciones según el objeto o producto generado, independientemente de la rama de actividad
3 Jerarquía Ocupacional Distingue las formas jerárquico-organizativas del proceso del trabajo. A saber, Dirección, Cuentapropia, Jefes, Asalariados
4 Tecnología Ocupacional Distingue las diversas formas técnico-organizativas de los procesos de trabajo. Sin operación de maquinaria, con operación de maquinaria y equipos electromecánicos, con operación de sistemas y equipos informatizados
5 Calificación Ocupacional Mide la complejidad del trabajo desarrollado, en base a los conocimientos y habilidades requeridas para la ocupación. Distingue entre Profesionales, Técnicos, Operativos y No calificados
Fuente: Elaboración propia en base al Código de Ocupación que surge del Clasificador Nacional de Ocupaciones -CNO, versión 2001.

Por lo tanto, la combinación que realizamos implicó restringir por categoría ocupacional a trabajadores por cuenta propia, y haciendo uso de la información que provee el dígito 5 del CNO, identificar a quienes además de trabajar por cuenta propia, desarrollan actividades no profesionales. Esto implica entonces incluir a Técnicos, Operativos y No Calificados.

Para este primer grupo poblacional, además, se ensayaron dos mediciones:

            Medición de Cuentapropistas No Profesionales amplia, la que se comenta inmediatamente arriba-, y

            Medición de Cuentapropistas No Profesionales restringida, surge de aplicar un filtro adicional ligado a las variables sobre si en el establecimiento de trabajo independiente se cuenta con maquinarias/equipos (PP05C_1), local (PP05C_2), y vehículo (PP05C_3). El criterio adicional de esta medición restringida radica en excluir también a aquellas personas que declaren posesión simultánea de maquinarias, local y vehículo.

        2. Desocupados no profesionales, se utilizan las variables Condición de Actividad (ESTADO) y Categoría Ocupacional (CAT-OCUP). A partir de tales variables, se identifica a desocupados que no hayan sido patrones ni trabajadores asalariados formales.

         3. Servicio Doméstico no registrado, incluye personas que prestan servicio doméstico en hogares particulares, en más de un hogar, dado que un trabajo en sólo un establecimiento puede esconder una relación salarial encubierta, y no cuentan con descuento jubilatorio -proxy para identificar el no registro-. Se usan las variables, Si presta servicio doméstico en hogares Particulares (PP04B1), En cuántas casas trabaja? (PP04B2), y ¿Por ese trabajo tiene descuento jubilatorio?(PP07H), y se controla por la variable Total de horas que trabajó en la semana en la ocupación principal (PP3E_TOT) a efectos de excluir a quienes han declarado trabajar más de 35 hs -es decir, que son ocupados/as plenos/as).

        4. Asalariados con predominancia de ingresos provenientes de “subsidios del gobierno”, se filtra inicialmente por Categoría Ocupacional (CAT_OCUP) a obreros/empleados y aquellos no categorizados. Luego, se construye la variable para medir el peso de los ingresos provenientes de «ayuda del Estado» en los ingresos declarados por la ocupación principal, definida como el ratio entre el Monto del ingreso por SUBSIDIO O AYUDA SOCIAL (EN DINERO) DEL GOBIERNO, IGLESIAS, ETC. (V5_M) y MONTO DE INGRESO DE LA OCUPACIÓN PRINCIPAL (P21).

Finalmente, el grupo se compone de aquellas personas que son obreros o no categorizados, cuyos ingresos por transferencias relativas a programas de ingresos explican al menos un 50% del monto declarado como ingreso por ocupación principal, y que, además, dicho ingreso por ocupación principal no supere a 1.5 veces el SMVM vigente en el trimestre evaluado.

        5. Trabajadores familiares sin remuneración no profesionales, se identifica mediante la variable Categoría Ocupacional (CAT_OCUP)y se controla por el dígito 5 del Clasificador Nacional de Ocupaciones para excluir por calificación de la ocupación a aquellos profesionales.

En adición, a cada categoría definida  se le aplicó un último filtro ligado al nivel de ingresos. En ese sentido, se buscó incluir en la población estimada a todas las personas que siendo previamente identificadas como 1. Cuentapropistas no profesionales, o 2. Desocupados no profesionales, o 3. Servicio Doméstico no registrado, o 4. Asalariados cuya principal fuente de ingreso declarado se corresponde con ingresos provenientes de «subsidios del gobierno», lo que incluye montos percibidos en calidad de titulares de programas de empleo, o 5. Trabajadores familiares sin remuneración no profesionales; además cumplieran con la condición de contar con ingresos de la ocupación principal que no fueran superiores a 1.5 veces el SMVM del período.

Finalmente, vinculado al grado de cobertura poblacional de la EPH al que aludimos antes, es relevante destacar que los resultados aquí estimados son ponderados a partir de los factores de expansión que la propia encuesta provee. Conceptualmente, los factores de expansión posibilitan que las estimaciones obtenidas para cada aglomerado se extrapolen a la población proyectada de cada jurisdicción (Comari, 2010). Es decir que el factor de expansión se interpreta como la cantidad de registros en la población que representa cada registro de la muestra, posibilitando estimar parámetros poblacionales. Aplicado este factor, los resultados obtenidos deben leerse en relación al total de población urbana. De modo que se alcanza la representatividad sobre la población urbana a partir del muestreo extrapolado, aunque queda sin cobertura la población rural.

Resultados preliminares 4º trimestre de 2020 

A continuación se presentan los dos universos de la economía popular estimados para el cuatro trimestre del 2020 en base a EPH y expandido a la población urbana, a partir de las operaciones comentadas en el apartado anterior.

Tabla 2.- Estimación Universos (amplio y restringido) de la economía popular, por sub-población. Datos correspondientes al 4t-2020.

Sub-población  Personas
1a CUENTAPROPISTAS NP 2,277,902
1b CUENTAPROPISTAS NP SC 2,191,806
2 DESOCUP NP 305,029
3 SS DOM NR 35HS 302,022
4 ASAL Y MAY POR V5M 1,333,055
5 TRAB FLIAR SIN REM 60,743
Universo Amplio (1a+2+3+4+5) 4,278,751
Universo Restringido (1b+2+3+4+5) 4,192,655
Universo Amplio % PEA 33.1%
Universo Restringido % PEA 32.4%
Fuente: Elaboración propia en base Encuesta Permanente de Hogares -INDEC.

El Universo Amplio de la economía popular ascendió a 4.278.751 personas,  un 33.1% de la Población Económicamente Activa del trimestre. En términos de composición,  Cuentapropistas no profesionales y Asalariados con predominancia de ingresos provenientes de “subsidios del gobierno” conjuntamente representaron al 84.4% del universo.

Gráfico 1.- Composición del Universo Amplio de la Economía Popular, por sub-población. Datos correspondientes al 4t-2020.

Fuente: Elaboración propia en base Encuesta Permanente de Hogares -INDEC.

En tanto, el Universo Restringido de la economía popular -que se diferencia del Universo Amplio en el filtro adicional aplicado sobre la sub-población de Cuentapropistas no profesionales respecto a la posesión de capital, posibilitando excluir también a aquellas personas que declaren posesión simultánea de maquinarias, local y vehículo- ascendió a 4.192.655 personas, un 32.4% de la Población Económicamente Activa del trimestre. La composición, en lo que refiere al peso relativo de las sub-poblaciones del universo, no se modifica respecto a lo hallado en el Universo Amplio, en el sentido de que Cuentapropistas no profesionales y Asalariados con predominancia de ingresos provenientes de “subsidios del gobierno”permanecen comolas sub-poblaciones de mayor relevancia, explicando conjuntamente el 84% del universo.

Gráfico 2.- Composición del Universo Restringido de la Economía Popular, por sub-población. Datos correspondientes al 4t-2020.

Para los próximos trabajos, pretendemos indagar en la dimensión y constitución del universo de la economía popular. Es decir, se buscará analizar a partir de la definición operativa aquí propuesta en el tiempo -y la descomposición interna en sus sub-poblaciones constitutivas-, así como su peso en relación a la PEA. Asimismo, resulta factible indagar con mayor profundidad por dimensiones adicionales como género, edad, distribución regional de cada grupo poblacional.

Referencias bibliográficas

Administración nacional de la seguridad social (ANSES) (2020). Boletín IFE I-2020. Caracterización de la población beneficiaria. Informe de gestión 2020. http://observatorio.anses.gob.ar/archivos/documentos/Boletin%20IFE%20I-2020.pdf

Arango, Y., Chena, P., y Roig, A. (2017). Trabajos, ingresos y consumos en la economía popular. Cartografías Del Sur. Revista de Ciencias, Artes y Tecnología, (6), 1-18.

Bertellotti, A. (2019). Estimación cuantitativa de la economía popular. Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP). https://docs.wixstatic.com/ugd/54048a_87f5b2dcf38f4e76bbbbf5be49746f5e.pdf

Comari, C. (2010). Ponderación de la muestra y tratamiento de valores faltantes en las variables de ingreso en la Encuesta Permanente de Hogares. Metodología, 15, 2-51.

Pissaco, C. (2019). Incidencia y características de la Economía Popular en la Argentina post 2001. Praxis. https://praxis.org.ar/wp-content/uploads/2019/11/Praxis_-_Incidencia_y_caracteristicas_de_la_Economia_Popular_en_la_Argentina_Post_2001__3_.pdf

Salvia, A. y Donza, E. (1999). Problemas de medición y sesgos de estimación derivados derivados de la no respuesta a preguntas de ingresos en la EPH (1990-1998). Asociación Argentina de Especialistas de Estudios del Trabajo/ASET, (18), 93-120.

Salvia, A., Donza, E., y Poy, S. (2019). El escenario laboral de la economía popular: tipos de inserción ocupacional y características de los trabajadores. En G. Pérez Sosto (Coord.) ¿Cuál es el futuro del trabajo? De la división social del trabajo al auge de la precariedad (pp. 703-744). Ciccus.

Secretaría de Economía Social (2021). ReNaTEP. Hacia el reconocimiento de las trabajadoras y los trabajadores de la economía popular. Informe de gestión 2021. https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/2021/05/informe_completo_renatep.pdf

Villatoro, P. (2015). Ajuste de los ingresos de las encuestas a las Cuentas Nacionales: una revisión de la literatura. CEPAL – Serie de Estudios Estadísticos, 91, 1-25.

[1] Este trabajo se realizó en el marco de los proyectos los PICT 2016 Nº 2043 “Trabajo no salarial y formas emergentes de organización. Un análisis del heterogéneo campo de la economía popular” (IR Dra. Ana Natalucci), PICT 2018 Nº 3095 “Política colectiva, (re)producción de la vida y experiencia cotidiana: un estudio antropológico sobre procesos de organización de trabajadores y trabajadoras de sectores populares en Buenos Aires, Córdoba y Rosario” (IR Dra. María Inés Fernández Alvarez) y contribuye al PISAC COVID-19 – 00085 “Programa de Investigación Regional Comparativa (PIRC): Cambios recientes en la estructura social argentina: trabajo, ingresos y desigualdad social en tiempos de pandemia y postpandemia” (IR Dr. Pablo Dalle).

[2] La inscripción al registro se realizó a través de la página web del MDSN donde los/as trabajadores/as debían completar un formulario online con una serie de preguntas referidas a sus datos personales, el trabajo que desarrollan y la unidad productiva en la cual se desempeñan. El anuncio y convocatoria de la inscripción fue realizada por “la comunicación institucional masiva por parte del MDSN como así también por parte de las organizaciones sociales vinculadas a la economía popular. También resulta de interés destacar la firma de convenios de colaboración con distintas provincias que han favorecido una inscripción masiva y federal” (Secretaría de Economía Social, 2021, p. 10).       

[3] Por motivos de discrepancias metodológicas entre las ondas de EPH del período analizado y las de años previos, no resulta extrapolable el análisis a trimestres pre 2t-2016.

[4] Refiérase a https://www.indec.gob.ar/ftp/cuadros/menusuperior/eph/EPHcontinua_CNO2001_reducido_09.pdf.

 

Apuntes de Economía Popular. Publicación del Programa de Estudios o Investigaciones de Economía Popular y Tecnologías de Impacto Social (PEPTIS) del CITRA (CONICET-UMET). ISSN 2796- 7662  Sarmiento 2058 CP (1044), CABA, Argentina [email protected]

La montaña rusa del mercado de trabajo bajo la pandemia

La montaña rusa del mercado de trabajo bajo la pandemia

Autor: Fabián Amico

 

Muy tempranamente, la economista postkeynesiana Joan Robinson sostuvo que el nivel de empleo en la economía se determinaba como la suma del empleo determinado por la demanda efectiva y el nivel de desempleo disfrazado. ¿Qué significa que el nivel de empleo es determinado por la demanda efectiva? La idea (keynesiana) es que en una economía capitalista se tiende a producir lo que puede ser vendido rentablemente. Por ende, el aumento del gasto total en esa economía (demanda efectiva) define cuánto se producirá. Luego, para producir esa cantidad deberán ser contratados cierta cantidad de trabajadores, lo que determinará el nivel de empleo total o agregado en esa economía. La relación entre nivel de actividad y empleo no es directa o lineal, pero en tendencia existe una relación positiva: cuando aumentan la demanda y el producto, tiende a aumentar el nivel de empleo.

Muy bien. ¿Pero qué sería el desempleo «disfrazado»? Robinson definió el desempleo disfrazado de la siguiente manera. Ella pensó en el caso de una sociedad donde no existe seguro de desempleo o programa social alguno para los sectores desprotegidos. En tal caso, las personas que se queden sin trabajo deben ganarse la vida de una forma u otra por su propia cuenta. Así, Robinson se dio cuenta que, en general, una disminución en la demanda efectiva (gasto) que reduce la cantidad de empleo en la economía no necesariamente conduciría al «desempleo» en el sentido de completa inactividad, sino que desplazaría a los trabajadores (despedidos) a una serie de ocupaciones de baja productividad (como vender cosas en la calle o similares). Concluyó que una disminución en un tipo de empleo («formal» diríamos hoy) conduce a un aumento en otro tipo de empleo («informal») y, a primera vista, podría parecer que una disminución en la demanda efectiva no causara ningún desempleo.

La causa de este desvío de trabajadores hacia ocupaciones precarias y de baja productividad sería una disminución de la demanda efectiva y del ritmo de actividad económica, que es exactamente lo mismo que causa el desempleo en el sentido habitual. Por eso, Robinson describió el empleo precario de los trabajadores despedidos como «desempleo disfrazado».

Obsérvese que esto no tiene nada que ver con las capacidades (reales o potenciales) de los trabajadores desplazados. En verdad, es la falta de vigor del crecimiento lo que los desplaza. Para Robinson, si el nivel de demanda efectiva  fuera mayor, los puestos de trabajo del sector más precario desaparecerían, y con ellos bajaría el desempleo disfrazado.

Los economistas británicos John Eatwell y Murray Milgate en su The Fall and Rise of Keynesian Economics, siguiendo la línea de Robinson, presentaron un ejemplo dramático de la flexibilidad a mediano plazo de la fuerza laboral. Fue el caso del notable aumento del empleo de mujeres en Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. En respuesta a la muy alta demanda de mano de obra, la población total empleada aumentó en 2,9 millones (14,5%) entre 1939 y 1943. El 80% de ese aumento consistió en mujeres que no habían estado empleadas anteriormente o que habían estado dedicadas a tareas de cuidado del hogar. Sin embargo, se alcanzaron rápidamente niveles de productividad comparables (o incluso superiores) a los niveles alcanzados por la primera mano de obra predominantemente masculina.

Este ejemplo sugiere que la definición de desempleo disfrazado debería ampliarse para cubrir la inactividad, cuyo grado es una función del ritmo de crecimiento de la demanda efectiva. Por caso, Eatwell y Milgate mostraron que la persistencia de altos niveles de desempleo masculino en Gran Bretaña desde la década de 1970 provocó que un gran número de hombres se retirara por completo de la fuerza laboral. De este modo, un aumento del desempleo disfrazado es claramente una pérdida de recursos, ya que la mano de obra se desempeña a un nivel de productividad muy por debajo de su verdadero potencial.

¿Qué tiene que ver esto con la Argentina?

Existen varias formas de percibir ese desempleo «disfrazado». Una es la de aquellas personas que aunque tienen empleo siguen demandando trabajo, otra, las diversas medidas de subocupación de la fuerza de trabajo; una tercera, el tamaño de la población inactiva (que no participa del mercado de trabajo); la última, el tamaño y la evolución del sector informal.

Es interesante observar cómo evolucionó el tamaño del sector informal en Argentina en relación con el ritmo de crecimiento de la demanda y el producto. Como se observa en el gráfico siguiente, el nivel de informalidad (entendida simplemente como asalariados sin descuentos jubilatorios) se redujo sistemáticamente desde fines de 2003 hasta comienzos de 2015. El nivel máximo se alcanzó en la segunda parte de 2003 con 49,5% de informalidad del total de asalariados y en el primer trimestre de 2015 se registró el mínimo histórico (31,9%).

Fuente: Encuesta Permanente de Hogares, INDEC

A esa etapa de reducción de la informalidad siguió una nueva fase de estancamiento con una tendencia al aumento que se acentuó desde fines de 2018 y se prolongó hasta fines de 2019. Nótese que esta segunda fase coincide con una etapa de bajo (o nulo) crecimiento económico que desde 2017 se convierte en recesión. Desde comienzos de 2020, y con la irrupción de la pandemia, ingresamos en una tercera fase, en la cual se produce -como veremos enseguida- una reducción abrupta de la informalidad debido sencillamente a que se destruyó mucho más empleo informal que formal.

Siguiendo a Joan Robinson, podemos afirmar que en 2003 existía, además del desempleo «abierto» o registrado, un enorme desempleo «disfrazado». La depresión económica producida en el final de la convertibilidad había llevado el desempleo a niveles muy elevados, forzando a mucha gente a procurarse ocupaciones informales y precarias. Casi el 50% de los trabajadores asalariados se hallaban en esa situación en 2002/2003, mientras en 1994 eran 28% del total. En todo ese periodo, la tasa de desempleo había pasado de 13% en 1994 a 22,1% en 2002. Por ende podemos afirmar, siguiendo la lógica antes expuesta, que el «verdadero» desempleo era considerablemente más alto.

En la segunda etapa, el proceso de crecimiento persistente abierto en 2003 produjo varios resultados al mismo tiempo: redujo la tasa de desempleo (del 22% en 2002 al 6,5% en 2015) y también redujo el desempleo «disfrazado» oculto en la informalidad (del pico de 49% en 2002 al mínimo de 32% a comienzos de 2015).

Desde 2015 en adelante esta tendencia se revierte. No solo se instala una tendencia al aumento del desempleo a partir de fines de 2017, siguiendo la declinación del nivel de actividad. Además, incluso hasta el primer trimestre de 2020 el empleo asalariado informal crece más que la ocupación en el sector formal (que, de hecho, destruye empleo).

Otra vez se confirma la predicción de Robinson: cuando la demanda efectiva y el crecimiento se ralentizan, aumenta el desempleo «disfrazado» con empleos precarios e informales. Como se aprecia en el gráfico siguiente, esto venía ocurriendo desde la primera mitad de 2017 (la línea roja está siempre por encima de la azul hasta la pandemia). Así, mientras la economía se estancaba y retrocedía, la informalidad aumentaba, limitando el aumento del desempleo registrado pero expandiendo el desempleo «disfrazado».

Fuente: Ministerio de Economía e INDEC.

En verdad, un aumento muy grande de la tasa de desempleo es un fenómeno transitorio. Además del desempleo oculto que acaba limitando el aumento de la tasa de desempleo ante una caída de la demanda efectiva y de los niveles de empleo industrial, lo que termina ocurriendo cuando se estanca el crecimiento de la actividad y el empleo es que, a partir de cierto momento, el comportamiento de la población en edad de trabajar (la oferta de trabajo) comienza a cambiar.[1]

Así, en un período de caída de la demanda efectiva, además del desempleo disfrazado, la propia fuerza de trabajo se adapta a las oportunidades de empleo a través de procesos como la inmigración, los cambios en las tasas de participación de ciertos segmentos de la sociedad (jóvenes y mujeres) que eventualmente terminan abandonando la fuerza laboral, ya sea por efecto de desánimo u otras causas.

En este sentido, una medida más amplia de desempleo podría comprender además del desempleo abierto, aquellos grupos sociales que tienen insuficiencia de horas trabajadas o incluso de los ocupados que aún demandan empleo. Esta tasa más «amplia» de desempleo según el Indec era de 39,9% de la población activa en el primer trimestre de 2020 y aún alcanzaba al 38,6% en el primer trimestre de 2021.

Argentina: la montaña rusa del empleo

De este modo, en el momento previo a la irrupción de la pandemia, el mercado de trabajo presentaba claros síntomas de debilitamiento, con aumento del desempleo registrado y oculto, así como de las ocupaciones informales de baja productividad e ingresos. Tomando en cuenta este cuadro podemos entender mejor lo que ocurrió bajo la pandemia utilizando las tasas e indicadores del mercado de trabajo según los últimos datos publicados por el Indec (correspondientes al primer trimestre de 2021).[2]

Los indicadores laborales bajo la pandemia

(en % de la población total y de la PEA)

Fuente: Elaborado en base a Indec.

Como se observa en el gráfico previo, en los 31 aglomerados urbanos (donde habitan casi 29 millones de personas) entre el primer y segundo trimestre de 2020, unos 2,49 millones de personas perdieron su empleo. En el mismo lapso, la población activa (esto es, la población ocupada o que busca activamente empleo) cayó en 2,45 millones de personas. Por ende, pese a que se destruyeron casi 2,5 millones de empleos, la cantidad de desocupados en esos aglomerados aumentó «solo» en unas 40 mil personas.

Sin embargo, en ese mismo periodo, casi 2,5 millones de personas abandonaron la población activa. Muchos de ellos no salieron a buscar empleo porque las actividades donde podían conseguir trabajo estaban cerradas o porque pensaron que no podía encontrar nada en un contexto tan crítico. Al no buscar activamente empleo, las encuestas no los registraron como desocupados. Estos desalentados que abandonaron la población activa a causa de la pandemia eran muchos de los desempleados «disfrazados» u «ocultos» generados en la etapa previa a la pandemia. Así, la pandemia no hizo sino revelar lo que estaba oculto: la fragilidad creciente del mercado laboral y el tamaño del desempleo disfrazado.

Como es claro en el gráfico «Dinámica del empleo, informalidad y crecimiento», el grueso de la destrucción de empleo en la pandemia afectó al sector informal, que había crecido en el periodo previo de estancamiento y declinación de la demanda y el producto. Un estudio reciente muestra que un proceso muy similar tuvo lugar en un conjunto de 14 países de América Latina, en el segundo trimestre del año pasado la cantidad de ocupados disminuyó en 46 millones, pero los desocupados registrados aumentaron «sólo» en 4 millones respecto del primer trimestre. Este proceso se dio con mucha claridad en Brasil, como explica la economista brasileña Julia Braga.

Sin embargo, esa situación se fue revirtiendo bastante rápidamente en Argentina en tanto la economía se recuperaba, al punto tal que en el primer trimestre del corriente año el cuadro laboral, según estos indicadores, era casi idéntico al del primer trimestre del 2020. Puesto en otros términos, la pandemia generó una suerte de montaña rusa en el mercado de trabajo (con vertiginosos movimiento de expansión y contracción) para dejarnos prácticamente igual que al final del gobierno de Macri. Obviamente las políticas que el gobierno puso en marcha en medio de la crisis fueron un factor decisivo para conseguir esa reversión de la tendencia.

¿Todo quedó igual?

Sin embargo, no todo quedó igual que en la etapa previa a la pandemia. Ante todo, conviene subrayar que esta montaña rusa del empleo no resultó neutra en términos distributivos y de ingresos. La irrupción de la pandemia y el confinamiento de abril-2020 frenaron una recuperación salarial que venía tomando forma desde el inicio del gobierno justo en momentos en que se producía un nuevo ciclo de aceleración inflacionaria. La pandemia llevó a un inédito resultado: una contracción del salario nominal en los meses de abril y mayo de 2020.

Fuente: Elaborado en base a Ministerio de Trabajo e Indec.

Como se muestra en el gráfico previo, los salarios nominales pasaron de crecer 8,5% mensual (contra una inflación mensual de 2,3%), a caer en términos nominales -0,2% por mes en abril y mayo, cuando la inflación cayó solo a 1,5% mensual. Esta abrupta desaceleración del aumento del salario nominal (que es el instrumento de los trabajadores para obtener aumentos reales) estuvo muy asociado al cambio en las condiciones de negociación salarial: de repente el empleo se transformó en la prioridad y el estado del conflicto cambió sustancialmente, postergando para un futuro incierto la recuperación salarial. Asimismo, una tendencia subyacente más poderosa, el aumento persistente del desempleo registrado (que pasó de una zona del 6,5% en 2015 a moverse en torno al 10% al final de 2019), también contribuyó al debilitamiento general del poder de negociación salarial.

Adicionalmente, para observar mejor la situación actual del mercado de trabajo, podemos comparar las dos fotos (cuadros de situación) vigentes en el primer trimestre de 2021 en relación al mismo periodo de 2020 (es decir, el instante previo a la irrupción plena de la pandemia). Podemos apreciar mejor las tendencias generales con la ayuda de un gráfico que compare las cifras totales del primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021.[3]

El cuadro laboral general tras la pandemia

(en miles de personas)

Fuente: Elaborado en base a Indec.

Como se ve, la cantidad de desocupación abierta (o registrada), de población activa (PEA) y de ocupados es muy similar. Sin embargo, podemos puntualizar los siguientes cambios:

i) la población activa (PEA) cayó en 102 mil personas como resultado de la disminución del desempleo (-39 mil) y una reducción de la ocupación (-63 mil);

ii) el nivel de ocupados asalariados, al primer trimestre de 2021, era menor que en 2020 (-233 mil) al tiempo que se registraba una aumento del empleo no asalariado (+170 mil personas, en especial cuentapropistas). El resultado neto es la pérdida ya mencionada de 63 mil empleos.

iii) la reducción del empleo asalariado fue resultado de la destrucción de empleos asalariados informales. Mientras el empleo asalariado formal creció (+141 mil) los puestos informales disminuyeron mucho más (-374 mil), lo que resulta en la pérdida de 233 mil empleos asalariados;

iv) hubo un aumento del empleo no asalariado de 170 mil personas (en especial, de los trabajadores por cuenta propia), lo que restando la pérdida de los 233 mil empleos asalariados, resulta en la reducción de la ocupación total (63 mil puestos) que son trabajadores que aún permanecen en la inactividad.

v) hubo un aumento de la incidencia del empleo no asalariado en el total de las ocupaciones (del 26 al 28%), un segmento donde predominan los trabajos informales. 

En síntesis, el mercado de trabajo está regresando a los niveles registrados en la etapa inmediata previa a la pandemia, pero las heridas producidas por la crisis del Covid-19 no han desaparecido por completo. Hay un cambio de composición a favor de los empleos no asalariados, donde predominan las ocupaciones informales (es decir. un aumento del desempleo oculto). Asimismo se observa la misma tasa de desempleo (en torno al 10% de la PEA) y la posibilidad de que, ya sea por la recuperación del empleo asalariado informal o por la potencial irrupción de los inactivos, el nivel de desempleo baje muy lentamente (más aún si la economía disminuye su ritmo de crecimiento). En cierto sentido, la pandemia puso en primer plano la creciente fragilidad y precariedad del mercado laboral y, en especial, el tamaño del desempleo oculto o «disfrazado», revelando que puede llevar más tiempo de lo esperado revertir los efectos que produjo en el mercado laboral la debacle económica del gobierno anterior y su prolongación bajo la pandemia.


[1] Los economistas neoclásicos o marginalistas, que constituyen el mainstream de la profesión, suelen argumentar que, a nivel empírico, el hecho de que las tasas de desempleo abierto no tiendan a aumentar indefinidamente sería una confirmación de la visión neoclásica tradicional de que el aumento de la oferta de trabajo terminaría generando, a través de la flexibilidad (baja) del salario real, un aumento de la demanda de trabajo. En realidad, como observaron muchos economistas heterodoxos, ocurre lo contrario: es la propia oferta de trabajo la que acaba por adaptarse a las oportunidades de empleo.

[2] Las tasas de empleo, actividad y desempleo se estiman sobre el total de 31 aglomerados urbanos.

[3] Se consideran los datos de la EPH para 31 aglomerados urbanos.